He pasado una semana larga sin dar señales de vida bloguil. Es que me pasó algo terrible, me pasó lo mismo que a Enjuto Mojamuto en el peor día de su vida...
Han sido días duros amiguitos. Días de incomunicación total con vosotros, que lo soys todo para mí. Bueno, mentira, todo, todo, lo que se dice todo no. También es muy importante en mi vida el agua calentica (indirecta para mis cuidadores, sobre todo en estas fechas tan señaladamente gélidas), la comida (indirecta nº2) y los mimicos (quiero compañía tortuguil macho. ¡cullons!)
Tuve algún día de crisis, en el que necesitaba imperiosamente entrar en internet y ver vuestros comentarios, visitar el blog de amiguitos como el de Javi Chan, y Don Excmo... Entonces busqué alternativas. No podía dejar que telefónica decidiera cuando iba a poder volver a contactar con vusotros. Así que tomé una arriesgada decisión...
...bajar a un locutorio. Un locutorio es... cómo deciros, como entrar en una embajada sudamericana de internet-adictos. Lo que me encontré al llegar al cyber y/o locutorio fue algo así:
No me sentía cómoda ante tal estampa navideña, y me retiré de vuelta a mi tortuguera sin teclear nada.
Al final hoy volvió internet. Como se fue... vino.


